En la duda…

El devorador de ilusiones

Publicado en General by ryanguas en Abril 21st, 2008

Dicen que vive en las tuberías un ser alargado y gelatinoso, que visita a sus víctimas por las noches, mientras duermen. Dicen que este animal deposita un huevo negro de aspecto viscoso en el esternón de las personas, y que poco a poco este huevo se funde con la piel y penetra el hueso. Es por eso, que a la mañana siguiente uno nota una gran pesadez en el pecho, como si le faltara el aire. La cría crece muy rápido, y en lugar de brazos tiene ramas, que se extienden por todos los órganos de su huesped, de manera que éste se encuentra cada vez más cansado y soñoliento. Cuando el devorador es lo suficientemente grande, envuelve el corazón con una fina crisálida verde transparente y se desplaza hasta la nuca, donde consume todas las ilusiones que allí se encuentran depositadas. Cuando ya no quedan más ilusiones, el devorador se diluye, convirtiéndose en lágrimas que son derramadas por su víctima sin ser consciente de lo que ha sucedido. Dicen que nadie que haya pasado de los treinta ha conseguido evitar su visita.

Ángeles caducos

Publicado en General by ryanguas en Abril 16th, 2008

Todas las relaciones tienen fecha de caducidad. Sin excepción. Las personas en sí, somos caducas. Llega un momento en que nos pasamos, nos agriamos, nos morimos.

Así, si las relaciones son caducas, ¿porque habríamos de plantearnos lo que va a pasar en el futuro en vez adentrarnos en el laberinto? Mi amigo Chucha, camarero de un antro poco frecuentado y barriobajero del que tal vez os hable otro día, conoció a una individua sobre la que, si no nos empeñamos en tratar de desmitificar aun sin conocerla, deberíamos decir, cuando menos, que es un ángel. Pero como todos los ángeles, María estaba de paso. Fueron sólo tres meses. Y la chica se escapaba lentamente entre los dedos de Chucha. Hasta que pocas semanas antes de desaparecer, se difuminó definitivamente, dejándole únicamente un sello en forma de beso depositado con suavidad sobre sus labios mientras dormía.

Chucha se quedó jodido, para que engañarnos. Pasó un mal rato el hombre. No tanto por lo que había perdido con su marcha, sino como por lo que no tendría en el futuro.

Pasó mucho tiempo, y un buen día, recibió una llamada del ángel. Afortunadamente no era a cobro revertido, pues ya se sabe que las llamadas desde el cielo cuestan caras. El ángel se le declaró. Le dijo que había sido tonta y que había perdido las alas debido a la tristeza que portaba desde hacía tiempo. Pero ya era tarde para Chucha, que había conocido y perdido otros ángeles que, de cuando en cuando, se posaban en su balcón.

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