En la duda…

Kosovo and far away

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Es genial lo de los medios de comunicación, convierten en noticia lo que quieren, cuando quieren y, sobre todo, como quieren. Y aunque esto no es nuevo, uno siempre recuerda aquella genial frase de “yo en lo único que me creo de los periódicos es la fecha”. Pero lo realmente divertido es lo de la gente. De un día para otro todos nos convertimos en expertos sobre los temas de actualidad más relevantes y vertimos opiniones versadísimas sobre los asuntos más intricados e inespugnables. ¿Y cuál es el tema del momento en “Europamedia”?: claro está, la independencia de Kosovo. Y uno no es que tenga mucha idea de los conflictos balcánicos, para que mentir, pero sí he de reconocer que es un tema que me apasiona desde hace tiempo, y aún más si cabe después mis viajes por Croacia, Bosnia-Herzegovina y Serbia, países donde además tengo algún amigo y donde he conocido a gente cuando menos interesante por culpa de (o gracias a) trenes nocturnos a Cracovia y otros periplos igualmente surrealistas. Y ese interés me ha llevado a leer bastantes de las cosas que se han publicado en español sobre el mismo, entre los que por cierto destaco y recomiendo Postales desde la Tumba (Emir Suljagic), Cuaderno de Sarajevo (Juan Goytisolo), La desintegración de Yugoslavia y otros del mismo autor (Carlos Taibo), Territorio Comanche (Arturo Pérez-Reverte) o La venganza de la historia (Hermann Tertsch) que, aunque no trata directamente sobre el asunto aquí abordado, te proporciona un contexto sobre el Centro y Este de la Europa de las últimas décadas de extraordinaria definición y profundidad.

Bueno, el caso es que ahora nuestros ministros (en España) dicen que la declaración unilateral de independencia de Kosovo es ilegal y que se está violando la resolución mil doscientos y pico de la OTAN (alineándose con nuestros “colegas de siempre”: Rusia, Chipre, Rumanía…). Y que conste que no es ninguna crítica, que la diplomacia no es precisamente lo mío. Pero el caso es que en Europa no nos ponemos de acuerdo. Yo desde mi particular punto de vista debo admitir que me faltan argumentos (y lecturas, y tal vez alguna clase de historia…) para tener (y menos aún dar) una opinión formada. Pero siempre que se habla de Kosovo me vienen a la cabeza unas palabras de una chica que conocí (Branislava se llamaba y provenía del norte de ), y que trataré de reproducir ahora de la manera más fiel posible (con ciertas licencias en la traducción eso sí): “Es cierto, nosotros tuvimos la culpa en la Guerra de Bosnia, fuimos unos cabrones y lo estropeamos todo porque no llevábamos razón… ¿pero Kosovo? Kosovo es otra historia. Kosovo históricamente ha sido una provincia serbia, lo que pasa es que en tiempos de Tito, el Mariscal permitió a los albaneses que se asentasen allí. Pero fue una prerrogativa. Lo que sucedió después todo el mundo lo sabe. La población albanesa creció mucho más rápidamente y comenzó a reivindicar la independencia. Nosotros volvimos a repetir nuestros errores y por eso la OTAN nos bombardeó en 1998. Pero, ¿en qué coño estaba pensando la OTAN? ¡Por favor! Yo tenía 19 años y vivía en el norte del país. Allí no habíamos visto a un albano-kosovar en nuestras vidas… y sin embargo teníamos que dormir en un refugio-despensa subterráneo, bajo la cocina ¡porque las bombas estaban cayendo a doscientos metros de nuestra casa! Desde luego no hicimos bien, ¿pero Kosovo independiente?, ¿con qué derecho?”

Como digo, yo lo único que sé es que desde hace un par de semanas Kosovo es semi-independiente (y sigo “semi-independencia” poque su reconocimiento internacional como se sabe no ha sido ni mucho menos pacífico) y tras gastarse un millón de euros en celebraciones, los cortes de electricidad siguen siendo habituales, las infraestructuras muy deficientes y la pobreza visible.

Por otra parte alguien dijo que el hecho de que Tadic (candidato tildado de europeísta) ganase las presidenciales, no iba a ser precisamente la panacea de todos los problemas, sino que precisamente los iba a agravar. Y de hecho desde un primer momento ya hemos visto como no ya el Partido Radical, sino que el Primer Ministro Vojislav Kostunica, supuesto compañero de armas del Partido Democrático, se ha opuesto fervientemente al discurso conciliador de Tadic, quien se encuentra ya en este momento en una situación verdaderamente comprometida. Así, hay quien plantea que si hubiese ganado las elecciones Nikolic, del Partido Radical, al menos, tras cuatro años duros tanto para los serbios (debido a la persistencia de la denegación sistemática de visados entre otras muchas cosas) como para los albano-kosovares (quienes tenían muchas probabilidades de haberse visto obligados a retomar las armas), la población se hubiese dado cuenta de que se encontraban en un callejón sin salida y tal vez, ahora sí, preparados para una catarsis definitiva. El cambio, por tanto, tal vez se haya producido demasiado pronto y el contexto (una población entre defraudada y furiosa), desde luego, no ayuda. Esperemos que de aquí a poco no se llegue a la conclusión de que el cambio que Serbia necesita es un retorno al Partido Radical.

Written by ryanguas

3 Marzo, 2008 a 9:01 pm

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